
Como furtivos navegantes de marejadas de placeres
el límpido amor de adolescentes nos llevó a la cita.
En mí la vez primera, secreto sabor desconocido,
cosquilleo en las mejillas y muchos suspiros.
Aromaba el rubor cada paisaje
y mi boca repartía racimos.
El recuerdo de aquello que fue sólo tuyo y mío.
Como pendiente quedó un sol de primavera
y un gritar de voces a un amor que nutrió la vida.
Hoy no hay tiempo de retrasos ni nostalgias
sólo ese dulzor que da haberte tenido,
alguna vez, a mi lado.
Elisabet Cincotta
10/06/2007
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