Amé por los tiempos que brindaroncopas de vid dulzona entre los labios,
el silencio del atardecer
y la figura de los cuerpos enlazados.
Amé la miel, el grillo, la brizna
que envolvía de humedad la noche,
el libro, pétalo de rosa,
que ofreciste en aquella cita.
Amé tus ojos-niños, la mirada
del fracaso y la mentira.
Amé sin razón ni avaricia.
Esperé.
Tan solo amé
porque era necesario amarte
para sentir tu ilusión y descongoja.
Te amé hasta olvidar
que el amor de a uno hiere
y acapara la melancolía.
Elisabet Cincotta
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